martes, 21 de agosto de 2018



Es la hora en que las algas nos muestran el camino. Ya estuvimos entre el óxido y las piedras. Fuimos corridos por el viento,  las aves marinas. Nombramos el dominio de los cuerpos con la palabra feroz: tuyo.  Nos quemamos al sol después de habernos prometido los panes y las rosas. Mordimos el ataúd que nos correspondía. Somos libres y hermosos. Es tiempo de aceptar, irnos para que la memoria enfríe.





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