Leí el libro de Valeria, a distintas horas del día y de la
noche, como un mantra que me repetía una y otra vez. Lo leí, hasta
que sus versos fueron música.
Una música que vive en el hueco de dos manos…pero son manos
que tiemblan, porque saben que es un
hilo el que sujeta nuestra vida mínima
de una nube.
nosotros,
los huérfanos
desarmados
inocentes de ardor y de sombra
no estábamos equivocados
al temblar
La voz poética habla de una existencia indefinida: habla del
como si, del si hubiera, del
podría ser…
Nada en su mundo ha sido creado con certeza ni para siempre.
Desde el primer verso de este libro, evoqué el momento de la
aurora… Aurora que tiembla, que no acaba de querer despertarse, que se quedaría
acurrucada o escondida en un grano de luz,
la nombra María Zambrano
Como si la voz escribiera o cantara a esa hora del alba, con
el mínimo de luz que precede al resplandor,
¿será el otro lado de la noche?
Es el tiempo donde todo está por ser creado, los rasgos y
sonidos son imprecisos, porque la poeta necesita algo que calme, algo que diga menos que el
silencio.
Estoy callando con todo lo que se grita en mí…es así, la
poeta escribe callando, se ausenta , se sustrae del nombre , de la declaración
, del exceso y desde esa mudez, restaura la poesía en su misterio.
Sin embargo, esa voz , que cuanto más calla más dice, alcanza la dignidad en un acto, realiza
el acto poético una sola e inconfundible vez , como si en esa
vez, se jugara su vida entera.
Hay que llenarse el pelo de ramitas
prenderse flores secas,
vestirse solamente
con telas vaporosas
borrachas en alcoholes
y correr en el viento.
Una vez. Al menos,
una vez.
como si se ignorase
la existencia del fuego.
Aquí es donde se juntan, al menos para mí , la belleza y la
ética, donde fondo y forma son lo mismo. Un poeta expone su modo
de estar en el mundo : o se cubre de oropeles y lo suyo es gracia , por más
bella que sea o reluzca , o se queda desnudo, sin disfraces ni recursos fatuos , a la intemperie que es extrañamente nuestro mejor amparo. Lou Andrea Salomé lo decía a Rilke en sus cartas
"Las buenas gentes a menudo piensan que encerrándose tras una
gruesa puerta dejan afuera el miedo, pero lo que en definitiva nos cobija es
nuestro estar desamparados."
Y así lo dice Valeria:
el cuerpo a la intemperie,
la voz al corazón y el corazón al hueso,
las manos al lenguaje
y el lenguaje a la tierra,
con qué los habremos sujetado,
con qué los habremos sujetado,
que hagamos lo que hagamos
no se sueltan.
Un modo de estar en el mundo.
El verso No doler, no soñar, no esperar del poema 42 tiene ecos de Spinoza, cuando dice
que los hombres deben tratar de liberarse de la esperanza y del temor,
que tanto se parecen.
Esperar algo es algo del tiempo, suponer que mañana puede
suceder algo. Temer es, de algún modo, lo mismo. Spinoza también habla de no
llorar porque nombra a la tristeza como un sentimiento equivocado.
La poeta no condesciende con la tristeza pero tampoco la
oculta, no oculta
el canto que encierra la última tristeza
las flores del olvido,
la palabra sin aire,
la aridez de este paso,
la cicatriz del tiempo ,
el temor , mi temor
el cielo de las manos,
mis manos,
quién te dirá mis manos,
quién te dirá el dolor
Ya se anuncia lo que está del otro lado del dolor
Sólo hay que abrir la puerta, se necesita valor para abrir
esa puerta, para abrir el último miedo de la noche, como quien abre un cuerpo…
Lo que canta del otro lado de la noche es la alegría.
Una alegría que no es regalo sino conquista porque la poeta es responsable de
haber escuchado la palabra amor.
El universo la arrojó el amor
Y yo estaba
ay, dios mío
ahí
Y nosotros estamos aquí para recibir un amor hecho libro.
Silvia Tocco
(Este texto fue leído por la poeta Silvia Tocco durante la presentación de "Del otro lado de la noche" en la B.N., el 17/12/2015)
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