sábado, 24 de marzo de 2012

Tías sabias.



Tenía unas tías
blancas
altas
con olor a pan.
Ellas sabían
el secreto de la vida.
Entonces
iban a la feria
los martes y los jueves
porque ahí encontraban
pescado fresco
y frutas buenas.
Dormían la siesta
cerca de una parra,
recibían a una amiga
los viernes a la tarde
y leían a Alfonsina.
Amaron a sus hombres
muchos años
hasta que no
hasta que dejaron
de necesitarlos
y entonces
no los amaron más
porque así se amaba entonces.
Como no tenían hombres
mis tías
altas
blancas
siempre juntas
se sentaban
cerca de una ventana
donde veían los autos pasar
también las chicas
con sus polleras escocesas
y tejían
sin pensar en nada preocupante
carpetitas al crochet
para todas las mesitas
de la casa.