martes, 30 de octubre de 2012

lunes, 29 de octubre de 2012


Ayer mi amiga Marina Neri cantó maravillosamente. Gracias a ella, conocí a los susurradores. Me acuerdo que mi profesora de Lengua y Literatura del secundario, Lilí Rena, nos hablaba tanto de los juglares. Bueno, los susurradores vienen a ser algo así como juglares al oído: recitan versos, tubo colorido de por medio, y entre su boca y tu oreja, se abre la magia. Gracias a todos los susurradores que ayer, en Massiva Resto, compartieron mis poemas de Cero sobre el nivel del mar.




domingo, 28 de octubre de 2012

viernes, 26 de octubre de 2012

Giraban en el living de tu casa
las hojas de los fresnos
el aire olía a morfina
era otoño me acuerdo
y el viento enloquecía al ras el piso.

Qué cosa rara ésa tarde
nuestra quietud callada en los sillones
el polvo anticipado
y vos muriéndote
con las ventanas abiertas.


jueves, 25 de octubre de 2012


La paz  es mi perra Roma acostada al sol durmiendo la siesta.



No decir un nombre
para no temblar dentro del nombre.
Consuelo de los desesperados.


miércoles, 24 de octubre de 2012

Desconfiá
de mi silencio espumoso
cuando lavo los platos.



Mis ojos se llenaron de sombras igual que los tuyos.  Desde hace un tiempo la muerte me trae flores.  Se hace la buena conmigo. Yo no le creo. No obstante, atiendo las señales que me va dejando. Algo debe explicar todo éste sol cayendo sobre nosotros.


martes, 23 de octubre de 2012

Qué voy a hacer cuando
el ejercicio de mi derecho
a la resistencia
se convierta
en una estupidez
frente al amor inevitable.



Llueve.
Si viviese cerca del mar
nadaría en la lluvia
hasta su desembocadura.

Pero acá,
si me suelto,
caigo con las ratas
en una alcantarilla.


viernes, 19 de octubre de 2012

Por mucho que lo intente
rezar no alcanza
en este caso.

Está probado:
Dios no sirve
para olvidar un nombre.


viernes, 12 de octubre de 2012


Flotan la belleza y el espanto
en el agua negra de tus ojos.
Desde aquí nos miro
y nos recuerdo.


Me despierto ahogada en un nombre.
Me estiro.
Mi mano cruje.
Manoteo el vaso que está
sobre la mesa de luz.
Lo agarro.
Trago agua.
Bajo mi pie derecho de la cama.
Con la punta de los dedos tanteo el piso.
Bajo el pie izquierdo.
Soy valiente hasta para pararme.
Ahí me doy cuenta:
estoy sola.

Estoy sola.

Entonces vuelvo
a llorar
las mismas lágrimas de anoche.


jueves, 11 de octubre de 2012

Los animales se cuentan todo.
Tienen
un lenguaje perfecto:
algunos frotan sus cuellos y eso alcanza,
otros andan a la par, sin tocarse siquiera,
otros se miran y se transmiten
los secretos y las fiestas, otros
marcan sin hundir los dientes sobre el cuero,
el silencio se interrumpe apenas
por el runrún de la dulzura
o por la queja que delata el exceso
de furia en la mordida.
Se huelen, se perdonan, se precipitan, se amansan.

Nosotros no aprendimos todavía.



miércoles, 10 de octubre de 2012

Dice que quiere estar solo,
dice el viento incendiándole los ojos,
dice la libertad, dice la cama
como un anfiteatro de arlequines
donde el amor más genital nos haga
y nos deshaga debajo de lluvia,
dice que no recuerda más que un nombre,
dice que busca eso que no nombra.

No es cierto.
Él no quiere estar solo.
No quiere estar conmigo.

Pero en la soledad
lo vence el miedo.


Qué se hace
con lo que va a venir.

Mis uñas se hunden en el
tronco del fresno que está
en el frente de mi casa.
Estoy negra de corteza
por intentar asirme.

Qué se hace
con eso
que está por ocurrir.

Qué se hace
cuando mi orden es
quedarme quieta
(razonar, razonar)
no mover un dedo,
no sentir,
no tocar,
no decir.

Qué puedo hacer
yo en mí
frente a lo inevitable
qué,
qué,
más que esperar el tiempo
de la desobediencia.

lunes, 8 de octubre de 2012

De pronto estás acá, contrariado,
como si el hecho de que tus ganas
limiten conmigo fuese culpa mía. 
Afuera el frío les quema
las orejas a los perros y vos estás acá
con este malhumor de vecindad inoportuna. 
Mañana iré yo, fastidiada,
a quejarme porque todo lo que hacés
me gusta y no puedo con eso. 
La calle estará helada y lluviosa
y algunos perros morirán de hipotermia.
Iré igual. 
Nadie elige con quién le pasa.
Con vecinos así
ningún barrio es posible.




Desvelada
no soy una persona posible.

La remera de dormir se retuerce
en las sábanas y yo estoy dentro.

Ésta noche no puedo conmigo.


sábado, 6 de octubre de 2012



A mi muñeca Carolina
no le falta nada salvo la ropa,
está desnuda con sus piernas cortas de tortuga,
sus brazos derechos, sus ojos celestes.
Me impresiona
la mirada de agua que no me mira,
la expresión recta de sus labios
donde antes le entraban mis cucharas,
la mudez irremediable de su llanto
y los piecitos fríos y planos.
Haberla querido tanto
me impresiona más.


viernes, 5 de octubre de 2012

Habría que poner
acá, y acá, algo,
algo como naranjas acá, y acá           
en mis manos,  (y aquí dentro)
y en las tuyas, (claro también ahí)
acá y aquí y ahí,  algo,
cocos, o piedras, también podrían ser bollos
de papel de diario como ponen las vendedoras
adentro de las carteras para que no se deformen,
algo que ocupe el espacio,
que llenábamos los dos.


jueves, 4 de octubre de 2012


El gatito debajo de la silla
se esconde de la cucaracha.

El peluquero toma aspirinas porque teme
un ataque al corazón.

Mi abuela guarda dólares en una lata de arvejas.

La china del supermercado vive con guantes puestos.

El nene de la casa vecina esconde el boletín.
Lo trajo el viernes
pero quiere jugar el fin de semana.

Mi amor no decide qué hacer conmigo.

Las flores se cierran por las noches,
el frío puede ser terrible.

Tu madre guarda ropa que le va chica
por si alguna vez vuelven tiempos malos.

Juan Carlos no ama a su mujer pero la aguanta
porque le tiene miedo a la soledad.

Ana y Laura tienen veintidós años,
les dijeron a sus familias que se aman,
se fueron a vivir juntas y todo sigue en pie.

Epa.
Un sólo gesto de valor
y nuestra cobardía se vuelve insoportable.



El desencuentro es negro
-dice Juliana-, es duro, lento,
lo llevamos delante de los ojos,
es un parabrisas con aumento,
unos lentes cuadrados de miope,
donde tratamos de ver
en qué esquina
volveremos a vernos.
El desencuentro, mi amor,
es un escarabajo con alas de vidrio.

Y él la mira ahora y piensa
en un cigarrillo y lo enciende,
piensa en un mimo, estira la mano y Juliana va,
piensa en su desencuentro y le duelen los tajos
que le dejó en el pie uno de esos bichos.




martes, 2 de octubre de 2012


Gracias por el espacio y por la traducción al portugués!

http://ruadaspretas.blogspot.com.ar/


Si solamente fuese
la sed lo que nos dieron
la extraordinaria sed

pero no
qué hacemos en la vida
quién nos dice qué hacemos con la vida
sabiéndonos en la otra orilla


Valeria Pariso



se fosse apenas
a sede que nos deram
a sede extraordinária

mas não
o que fazemos nós na vida
quem é que nos diz
o que havemos de fazer com a vida
sabendo-nos na outra margem.


(Trad. Albino Matos)





Gracias amigos por el espacio.


http://poesiadelmondongo.blogspot.com.ar/


Él sabe
desesperarme.
Nadie más. Él

sabe,
hacer eso
que no sé
qué es,
sólo él
sabe
de qué forma,
en qué
tiempo
empieza,
de qué
modo,
hace algo
conmigo,
sólo él,
nadie más,
lo juro
nadie más,
nadie más,
me pone
así
de loca
e
hiperventilada.