domingo, 29 de diciembre de 2013

Ay, qué calor




Con 40 grados de calor no hay forma de sacar a Roma de atrás de una maceta. Sufre el calor tanto como yo, y ninguna de las dos entendemos qué hacemos viviendo en un lugar donde de diciembre a mayo es verano. Pero amamos esta casa porque fue la casa de mi abuela. Y tiene baldosas viejas de granito que de tan viejas, si vas descalza, sentís los granitos del piso. Y un galponcito donde guardamos desde el dogui hasta una multiprocesadora que dejó de andar cuando quise hacer queso rayado y era tan duro el queso que fundí el motor. En fin, Roma y yo andamos atontadas por el calor, pero nos hacemos compañía. Ambas sabemos que estamos aquí, juntas e incondicionales, transitando el desierto, resistiendo como dos cactus.