domingo, 27 de diciembre de 2015

Reseña hecha por Carlos Enrique Cartolano sobre "Donde termina esta casa"y "Del otro lado de la noche"



Valeria Pariso:



La permanencia de una voz alentadora




A las tres de la tarde el sol cae a plomo sobre las baldosas rojas. Irisan el aire flamas transparentes que asocian la realidad exterior con ardores de la conciencia. Quizás por mi nueva lectura de la poeta Valeria Pariso, que esta vez incluye sus dos últimos títulos: “Donde termina esta casa” y “Del otro lado de la noche”. Lectura conjunta, en el orden que creo cronológico, y sin que medien más que unos pocos minutos entre uno y otro libro. Experiencia enriquecedora que confirma y sorprende. ¿Cómo es esto?

Conozco a Valeria desde 2012 y ha sido, sin ninguna duda, la poesía que más me ha movilizado desde entonces (considero por cierto que mi opinión no es aislada). Y digo que esta lectura confirma los valores literarios de Valeria Pariso, tanto porque además devuelve en página impresa poemas que tengo leídos a partir de la diaria invitación del blog de la poeta (http://tantotequeria.blogspot.com). Y por último dije que sorprende: esta es una poesía de la diaria realidad que penetra la esencia humana y revela el sentido erótico de cuanto “sucede”, como de cuanto “hacemos”. Que no es poco. Yo diría que ¡es todo lo que podemos esperar de la expresión poética! Aquí no hay graves recorridos intelectuales; tampoco delirios que motive la efusión literaria. Se trata de una senda para operar interiores del lector, se trata de completar lo que jamás podrá completarse, aunque no podamos cejar en la tarea. ¿Qué otra cosa nos cabe en la existencia?

El erotismo, dice Georges Bataille, “es la aprobación de la vida hasta en la muerte”. Creo que la poesía de Valeria Pariso respeta con notable justeza la definición del pensador francés. Y así como esta concepción fue y es revolucionaria, el trabajo de Valeria –sobre todo en sus dos últimos libros- pone al derecho y en claro cuestiones básicas que más de una vez la cultura deforma, tergiversa, corrompe.

En el primero de los libros, considero central el poema “13”, al que continúa por cierto el “14”:

Donde termina esta casa existe un muelle.
Un muelle sirve/ básicamente/ para
dos o tres cosas/ primero: para leer
poesía en la parte de abajo/ segundo:/
para esperanzarse en la parte de arriba/ y tercero:
para fotografiarlo/ o dibujarlo/ o inventarlo/
según la desesperación/ con que se necesite
un muelle.

Es la vida que busca un punto desde el cual proyectarse en la palabra, una rampa de lanzamiento: el libro mismo, el abrazo de la persona querida, la mano que trabaja junto a las propias. También para Cora, que

… a los trece/ podía pasar doce sombrillas
después del muelle/ y a los quince/
Osvaldito la besó/ apretadísima al muelle/
sin que la madre supiese nada de nada.

Como es lógico, junto a la contención amorosa campea su opuesta –la soledad-, como se aprecia en el poema “21”:

Me conmueve
la ficción inconfesable del olvido/ el
recuerdo inmóvil donde todo sucede.

Quiero decir: esta memoria nuestra/
a la intemperie.

Y nos recuerda a Foucault en sus definiciones sobre la literatura, cuando refiriéndose a su vecino permanente (el mar), Valeria pregunta en el poema “24”:

¿Estaremos siempre a merced de un mar
que insiste en una didáctica de repetición:
golpe salado sobre los pies heridos/
golpe salado sobre los pies heridos?/
¿Dirá la ola: esto queda en tu memoria/
esto no?

El mar como la palabra escrita se sirven de la reiteración para alcanzar la maravilla. Sólo a través de la literatura es posible revivir, devolverse actividad y sentido en la memoria. Estos libros son receptáculos de experiencias íntimas que la poeta comparte con nosotros.

… Debíamos guardar/
muchos caracoles.
Realmente muchos.

Todos los que la ira del mundo
separó del mar. (Poema “26”)

La tarea del poeta consiste en devolver a la humanidad los tesoros perdidos, impedir a toda costa el olvido;  por supuesto influir en la cultura de masas, cavar nuevos surcos y ofrecer cosechas hasta aquí desconocidas. Ese camino es el que continúa de uno a otro libro, como si el segundo se ocupara de las cuestiones que quedaron pendientes en el primero, ofreciera “comenzar” a completarlas. Como si “donde termina esta casa” se hubiera cernido la noche, y la tarea hubiese consistido en transitar “del otro lado…” para rescatar la verdad de amor y dolor (¿no se trata acaso de las dos caras de  una misma realidad?). 

Aquí caben las mismas consideraciones que formulamos para el primer poemario, pero en “Del otro lado…” se pone de manifiesto el trauma de un dolor profundo, del que emerge la palabra reveladora, combativa, que sana. Se encuentran la confirmación y la sorpresa; vivimos la poesía de Valeria como propia en todos los casos. Aunque rescato como “central” el poema “23”:

Quién te dirá de mí,
quién te dirá del canto
que encierra
la última tristeza,
las flores sin olvido,
la palabra sin aire,
la aridez de este paso,
la cicatriz del tiempo,
el temor, mi temor,
el cielo de las manos,
mis manos,
quién te dirá mis manos,
quién te dirá el dolor.

Una aclaración que juzgo pertinente: cuando hablo de “sorpresa” me refiero a “conmoción”, a la potestad de esta poesía para evocar en nosotros la emoción de la autora, en igual o aún mayor medida. ¿Somos los lectores quienes estamos a su lado en el poema “29”?

A veces pienso,
con qué habremos sujetado,
vos y yo,
el cuerpo a la intemperie,
la voz al corazón y el corazón al hueso,
las manos al lenguaje
y el lenguaje a la tierra,
con qué los habremos sujetado,
que hagamos lo que hagamos
no se sueltan.

O en el “32”:

No entendíamos por qué
en el cuerpo
todo el tiempo nos aparecían
regresos y despedidas
regresos y despedidas
como si una ciudad completa
no estuviera decidida a irse
de nosotros.

Y esta maravilla de la disposición amorosa en la mujer:

… Sin piedad, como una jabalina,
el universo me arrojó el amor.

Y yo estaba,
ay Dios mío,
ahí.

La fortaleza de la poesía de Valeria Pariso está en los cierres, en el hallazgo de los universales que a todos mueven por igual. Amor y dolor. Y ya dijimos que los creemos fenómenos de la misma especie: el hombre. La disolución del ser por causa del sentimiento mayor, que es vocación y destino de la existencia.

Recomiendo la poesía de Valeria Pariso. Recomiendo su lectura; el seguimiento de su producción incesante. Poesía que me mejora, y que seguramente operará efectos similares en cualquier otro.




Carlos Enrique Cartolano


Mar del Plata, 27.12.2015









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