lunes, 29 de agosto de 2016

Desarmados como estaban  
caminaron la alegría hasta encontrarse con el miedo.
Cuando las sombras ocuparon
el lugar de las lavandas, se soltaron.
Ahí vieron que los momentos felices
se les habían vuelto, en el cuerpo, un sello de agua.
Entonces, por temor a que se los llevara la corriente,
empezaron a construir un desierto.
Se arrancaron todo:
piedra, álamos, ríos, manos, animales, nubes.
Con mucho esfuerzo consiguieron olvidarse de llorar.
Se secaron. 
Continuaron yendo a trabajar, cosa de todos los días.
Entonces, los asustados, desprevenidos de la magia del mundo,
aprendieron a sobrevivir
llevando sobre sus cabezas unos sombreros tan grandes
que les cubrirían, para siempre,
el asombro y los pies.


2 comentarios:


  1. Como siempre, por aquí leyendo, enamorada de tus poemas.
    Este me ha dejado no sé si respirando o medio ahogada. En lo que es tan hermoso.
    Gracias, Valeria
    Cariños

    montserrat

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  2. Que alegría leer tu comentario, Montserrat. Muchas gracias por pasar, leer y dejar estas palabras acá. Un abrazo.

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