lunes, 14 de enero de 2013

De noche, el verano
no apacigua los sueños.

El sol de cactus quema
hasta el granito negro
de la mesa de jardín.

El aire no se mueve.

Mis perras se aferran
a la humedad del piso.

Afuera hay un cielo celeste
que rompe los ojos.

Quisiera una casa de agua,
como en el cuento de Felisberto Hernández.