domingo, 2 de octubre de 2016


Son las seis de la tarde.
Es verano.
El sol pasa la cortina de crochet
que cubre la ventana
y cae
sobre un sombrero que ya no quiero usar.

Mi hermana se murió.

¿Supo mi hermana ese día
que era la última vez que yo le daba
un ramo de flores arrancadas
de un cantero a dos cuadras de su casa
y que ella
por última vez las ponía
en un vaso con agua?

No lo supo.

Abrió la canilla de la cocina
puso el vaso bajo el chorro
de agua fría
y sus manos enfermas sostuvieron un jardín.

¿Qué se puede decir del próximo minuto?

Todo lo que podemos adivinar es falso.

Lo único cierto es esto que está ocurriendo ahora:
el sol de las seis de la tarde
pasa la cortina de crochet
que cubre la ventana
y cae
sobre un sombrero que ya no quiero usar.

Hoy no hay vaso con flores.

Es una alegría no saber
nada
del próximo minuto.








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