miércoles, 16 de diciembre de 2015


Así se completa la forma de partir:
nadie advierte que se trata del último beso
ni se detiene a escuchar el ruido de la ola
que tiraste contra su corazón. Es una trampa, pensás,
la vida te hace creer que sigue.
No hay contraseña para abrir las compuertas
ni compañeros en la despedida
agitando pañuelos raídos por la pena.
Todos ríen,
ríen y preguntan
qué tal estuvo la fiesta el otro día,
qué tal tus hijos y si tu madre vive.
Por si fuese poco preguntan  si tu jefe
se calmó o sigue estando loco. Decís que sí,
que todo sigue igual, y pensás en la violencia
de la palabra todo y de la palabra igual,
y así completás la ausencia que se inicia
sin que nadie advierta
que ese fue el último beso
seguido por el ruido de la ola
que te llevás a cuestas.





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