viernes, 31 de julio de 2015

En la tierrita colorá

Lo mejor: mirarnos a los ojos con los niños guaraníes,  jugar con los dedos redondos de sus pies de dos o tres años a "este dedito comió un huevito",  sentir sus manos del tamaño de una flor buscando mi mano y diciéndonos chau sin palabras, con la certeza de habernos encontrado y reconocido como amigos. No nos sacamos fotos  porque, como pasa con las historias verdaderas, no las necesitábamos para saber que fue cierto.

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