miércoles, 31 de diciembre de 2014

Mi otra nona nos hacía los vestidos para fin de año. El último que recuerdo fue un solero rojo y blanco, con rayitas y breteles con volados. Modestos, prolijos y hermosos. Así eran.  Mi nona llegaba a casa todos los veranos con los vestidos para mis hermanas y para mí, unos días antes de las fiestas. Mi mamá no nos dejaba estrenarlos hasta el 31.  Yo conservo ese ritual de estrenar un vestido el 31. Y use el vestido que use será siempre el vestido de mi abuela. No es la tela, sino los gestos de amor, las manos costureras que perduran para siempre. Feliz año nuevo para todos.






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