jueves, 4 de diciembre de 2014

Cuando iba a la facultad en Capital, me caía mal cuando me preguntaban si de verdad vivía en el conurbano bonaerense. Me lo preguntaban así, como si el conurbano fuese el lado oscuro del mundo. Qué suerte que sigo acá, en el conurbano bonaerense, donde es difícil sembrar poesía pero cada uno que se arremanga para la siembra es gaucho o gaucha y no le teme al desafío y festejamos la palabra como quien festeja la mejor cosecha de trigo.


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