martes, 5 de agosto de 2014

De pronto la lluvia cayó sobre los techos e hizo tanto ruido que la gente pensó que algo había explotado cerca de sus casas. Cayó toda la lluvia de una ciudad, de diez ciudades, en cuestión de segundos. Llovió. Llovió. Llovió. Todos quedaron sorprendidos de que una lluvia así fuera posible. Lo único que podía hacerse era mirar por las ventanas y decir mirá, mirá cómo llueve, que tal vez nunca más vuelva a llover así. El ruido del agua de lluvia siempre lleva consigo el estremecimiento de la caída. Como dos que se han amado por error.

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