domingo, 8 de junio de 2014

Sigue creciendo la no-biblioteca en casa. Quiero decir, los libros aquí y allá, esperando la mano, en cada mesa, cada rincón, en canastitos de mimbre como si fuesen leños, sobre bandejas al lado de las tazas, sobre un banco de madera para que uno los levante y se siente y lea sin tener que buscar ni el libro ni el banco, a la altura del brazo, sobre el microondas, en el pequeño pasillo entre los dormitorios, en los revisteros, al lado de las camas de las nenas, en el suelo, sobre almohadones, nada de distancia entre el libro y el cuerpo, nada de esfuerzo para agarrar el paraíso.

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