martes, 19 de noviembre de 2013

Ayer en una entrevista vieja, Don Atahualpa Yupanqui contaba que una vez vivió un momento mágico. Toda la ciudad estaba a oscuras. Las únicas luces eran los faroles de la plaza. Todo era silencio salvo una zamba que alguien tocaba como si no la tocara. Una pareja bailaba en la oscuridad como si no bailara. Todo ocurría sin levantar ni siquiera polvo del suelo. Ningún ruido, solo la luz en la plaza, la ciudad a oscuras, y una danza ritual donde un pañuelo les anudaba el alma. Fue un momento religioso, dijo. Y lo contó tan lindo que yo estuve ahí.