miércoles, 1 de mayo de 2013

Esta vez
no quiero decir
adónde guardo
las cosas que perduran.

Pero insisten.

¿Alcanza con decir
que es un lugar austero?  

¿no, no alcanza?

y si digo: 

en un pastillerito
que me trajo mi abuelo
cuando volvió de Italia
donde cabe un océano.

¿sirve?

en el arbusto enorme
de frutos agoreros
que llevo en el bolsillo

¿vale?

en esta herida helada
cosida con los trapos de mi abuela,
que zurcía de noche
en el galpón de chapa

¿llegan?

¿Alguien trae a mi abuelo
que hace siglos no baja
de ese barco encallado?

¿Alguien riega el desierto?

¿Quién ayuda a mi abuela
que se hiela las manos?

¿Por qué preguntan?

Es hermoso el olvido.