lunes, 20 de mayo de 2013

Aquí nunca hace tanto frío.
Siempre es posible
caminar sin guantes
a pesar de la soledad.
En mayo, los japoneses llenan
los viveros de violetas de los Alpes
y muchos de este lado
piensan en las cabañas
revestidas con troncos,
y montañas nevadas
y se compran violetas
para calmar sus sueños.
No tengo nada en contra de las violetas.
Pero aquí,
tan llanito el amor, tan llanito el olvido,
no hay refugio posible
donde romper en llanto
alejada del mundo.
Aquí, hace falta más frío,
para atizar el alma,
para entender el fuego.

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