miércoles, 17 de abril de 2013

Silenciar las manos,
los brazos,
silenciar
el pecho,
la cabeza,
silenciar los pies,
los zapatos,
silenciar el camino
del trabajo a casa
como si la vida
estuviese atada
a una caja sin música.
Hay que oír,
hay que oír
el gesto,
la sangre cuando llora,
la palabra ausente,
la boca que no dice.