jueves, 24 de enero de 2013

Iba por el corredor aeróbico y a un costado había dos nenes de unos cuatro años con un palito tocando la tierra. "Son hueeeellas...", dijo uno. Al pasar dije: dinosaurios.  Se agacharon más cerca del piso, casi al ras. Mientras me iba, los oí decir: ¡Son huellas de dinosauuuuuurioooooo, oisteeeee! A veces,  lo mejor de la infancia está en un palito que toca la tierra y en algo que se escucha por ahí.