sábado, 19 de enero de 2013

En los eneros de Santiago, de los cables de luz cuelgan pelucas marrones. Son unos pelucones hermosos que alguien expone a cielo abierto. Los pelos no se mueven con el viento porque no hay viento en Santiago del Estero cuando pica el verano. Una vez le pedí a un hombre que me bajara uno. No quiso y me miró con los ojos piadosos de alguien que sabe más que yo. Hoy Silvia me dijo que son nidos de calas, de catas, nidos de pájaros. No lo sé. Son tan lindos que si fuese así, las santiagueñas los bajarían y se pondrían esas pelucas con cantos de calas en las cabezas.