viernes, 30 de noviembre de 2012


Vení, le dice Roxana,
probá que es la primera,
dale, probá la sandía.
Las tres en la vereda
se ríen.
Está fría y es roja.
Roxana corta la sandía en cubos
y la agarra entre los dientes
con la puntita del tramontina.
Las otras dos no usan cuchillo,
comen y se chorrean
entonces, abren las piernas para no pegotearse
ni mancharse la ropa,
juegan a ver quién escupe las semillas más lejos,
la hacen reír de tanto que escupen,
Adriana que es la menor las lanza sobre el asfalto,
hay tantas semillas negras pegadas a las baldosas,
lloran de la risa,
dale, le dicen, dale que se acaba, nena,
dejá de hacerte la fina, sentate
y comé la sandía que es la primera,
o no sabés que después no son iguales,
que después no tienen el mismo gusto,
dale que te va a llamar tu vieja;
ella se muere de ganas,
hace calor y quiere sandía.
Pero su madre la ataja desde la ventana
y le grita que entre.
Y ella entra.

Adentro de la casa, una niña
aguanta.