sábado, 6 de octubre de 2012


Él me trae rosas al atardecer
cautivas como princesas
en su mochila verde.
Las saca con cuidado
y las rosas intactas explotan
de libertad en las manos.
Los pétalos vuelan
como si hubiésemos roto
una piñata de flores.

Parece cuento pero él y yo existimos.


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